Usted ya habrá
reparado en que su pareja le pide decir palabras picantes, osadas e incluso
obscenas con el fin de sentirse excitado. Y eso es muy válido. El hombre y la
mujer pueden excitarse mucho con sólo oír algo picante, y todavía más si es en
un horario inesperado del día, una sorpresa de aquellas que, si es bien
utilizado el lenguaje, puede traerle después un sexo sorprendente. Durante el
sexo, la comunicación también puede y debe ser atrevida, sorprendente,
inesperada, hay que dejar la lengua suelta. Casi siempre todo acto sexual
comienza con un par de palabras bien cargadas y sugestivas.
A la hora del
sexo, todos nuestros sentidos están completamente vivos y con gran intensidad y
la audición en ese momento, si está bien trabajada, puede ser muy estimulante.
Se trata de hablar cosas que estimulan la intensidad en el momento del sexo.
Pero la
intimidad también marca la diferencia en ese momento, pues si la pareja no
tiene la suficiente, esa complicidad que facilita el diálogo puede acabar
generando un cierto constreñimiento a la hora de querer sacar afuera las
palabras y el deseo que se está sintiendo, toda la voluntad de querer “mandar”
a su pareja hacer esto o aquello con usted. Sabemos que una de las grandes
causas del desentendimiento entre las parejas es la falta de diálogo, las
palabras pueden aclarar lo que el cuerpo está sintiendo, la expresión de lo que
está o no está bien, además de poder ser utilizado como un poderoso
estimulante.
A veces, hombres
y mujeres no se entienden en ese campo de lenguaje verbal. Las mujeres tienden
más hacia el romanticismo y a la hora de hablar usa más las palabras dulces,
llenas de cariño y es así como les gusta hablarles a sus parejas de este tipo
de cosas. El hombre prefiere las palabras fuertes, picantes, groseras, en
realidad, prefieren la grosería a la hora del sexo, aunque sea verbal. Pero
muchas mujeres todavía no se consiguen soltar para decir cosas del tipo:
“cómeme toda”. Pero esas dificultades son parte de un conjunto de residuos de
prejuicios de años pasados. El mismo acto de gemir la mujer, en el siglo
pasado, era considerado como una actitud de mujer de vida fácil. Pero en los
días de hoy, los gemidos no son vistos de la misma forma, ya que son muy
poderosos para demostrar toda la intensidad de placer que está siendo sentido.
Por eso, suelte
el lenguaje, use y abuse de las palabras, sea osada, creativa, al fin de
cuentas, el sexo no empieza en la cama, sino en la cabeza. Las personas
necesitan aprender a hablar más de lo que están sintiendo y expresar lo que quieren
a la hora del sexo, pues muchas veces, hablar por teléfono o por Internet es
divertido, además de estar protegidos por esos medios de comunicación, pero
todo el valor está en los encuentros sexuales, que pueden ser muy bien
aprovechados con un lenguaje de grosería sexual. (Adriana Sommer da Costa,
Sexóloga)

