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jueves, 22 de octubre de 2015

LENGUAJE EN EL SEXO

Usted ya habrá reparado en que su pareja le pide decir palabras picantes, osadas e incluso obscenas con el fin de sentirse excitado. Y eso es muy válido. El hombre y la mujer pueden excitarse mucho con sólo oír algo picante, y todavía más si es en un horario inesperado del día, una sorpresa de aquellas que, si es bien utilizado el lenguaje, puede traerle después un sexo sorprendente. Durante el sexo, la comunicación también puede y debe ser atrevida, sorprendente, inesperada, hay que dejar la lengua suelta. Casi siempre todo acto sexual comienza con un par de palabras bien cargadas y sugestivas.

A la hora del sexo, todos nuestros sentidos están completamente vivos y con gran intensidad y la audición en ese momento, si está bien trabajada, puede ser muy estimulante. Se trata de hablar cosas que estimulan la intensidad en el momento del sexo.

Pero la intimidad también marca la diferencia en ese momento, pues si la pareja no tiene la suficiente, esa complicidad que facilita el diálogo puede acabar generando un cierto constreñimiento a la hora de querer sacar afuera las palabras y el deseo que se está sintiendo, toda la voluntad de querer “mandar” a su pareja hacer esto o aquello con usted. Sabemos que una de las grandes causas del desentendimiento entre las parejas es la falta de diálogo, las palabras pueden aclarar lo que el cuerpo está sintiendo, la expresión de lo que está o no está bien, además de poder ser utilizado como un poderoso estimulante.


A veces, hombres y mujeres no se entienden en ese campo de lenguaje verbal. Las mujeres tienden más hacia el romanticismo y a la hora de hablar usa más las palabras dulces, llenas de cariño y es así como les gusta hablarles a sus parejas de este tipo de cosas. El hombre prefiere las palabras fuertes, picantes, groseras, en realidad, prefieren la grosería a la hora del sexo, aunque sea verbal. Pero muchas mujeres todavía no se consiguen soltar para decir cosas del tipo: “cómeme toda”. Pero esas dificultades son parte de un conjunto de residuos de prejuicios de años pasados. El mismo acto de gemir la mujer, en el siglo pasado, era considerado como una actitud de mujer de vida fácil. Pero en los días de hoy, los gemidos no son vistos de la misma forma, ya que son muy poderosos para demostrar toda la intensidad de placer que está siendo sentido.

Por eso, suelte el lenguaje, use y abuse de las palabras, sea osada, creativa, al fin de cuentas, el sexo no empieza en la cama, sino en la cabeza. Las personas necesitan aprender a hablar más de lo que están sintiendo y expresar lo que quieren a la hora del sexo, pues muchas veces, hablar por teléfono o por Internet es divertido, además de estar protegidos por esos medios de comunicación, pero todo el valor está en los encuentros sexuales, que pueden ser muy bien aprovechados con un lenguaje de grosería sexual. (Adriana Sommer da Costa, Sexóloga)